Esas fueron las palabras textuales del fin de una larga parrafada de José "Pin Estela" Avello Flórez cuando, en mis años de adolescencia sesuda, le comenté que quería acometer la escritura de una novela. Me dijo que sí, que sí, que había que documentarse (aunque del período histórico sobre el que yo quería escribir se sabía poco y bien podía inventarme lo que fuera), que había te tener en cuenta los rigores y demás... "y luego hay que currar, claro". Venga, venga, que hace tiempo que no posteo, que son varios los marrones (vuelvo a jurar que ya les contaré cuando se pueda).
NOTA: en este post me refiero siempre y me referiré al único proceso de la escritura (por supuesto, de la audiovisual, claro -si no ¿qué coño hacen en este blog?-). Cuando hablo de crear, parir, "trabajar"... nunca me refiero a producir, rodar y otros oficios, sólo al proceso de escribir.
Como dicen en "Qué Vida más Triste": Locurón. Todas esas cosas que se cuentan de siempre, que si Picasso (creo que era Picasso) decía que la inspiración estaba bien, pero que estaba mejor si te pillaba currando; que si en el Hollywood de los Años de Oro, los grandes productores se asomaban a las oficinas de guionistas con el único propósito de comprobar que las máquinas de escribir rugían... y he aquí la movida. Las teclas del ordenata (o de la Olivetti) no se mueven solas y necesitan de unos dátiles que las aporreen. Las ideas se acumulan y las abstracciones también pero luego hay que darles salida real. Y los familiares y amigos de uno aún se asombran cuando te ven con un guión en la mano y te preguntan: "¿y todo ese tocho lo has escrito tú?". Se cuantifica al peso, porque bien es sabido que hay que hacerlo y que cuanto más papel tenga más se ha tardado y por tanto más vale. Luego, la realidad es otra.
Es curioso como lo cuantificable en cuanto al trabajo (en este tipo de trabajos nuestros, si es que se les puede llamar trabajo -un servidor mismo, para muchos, sigue siendo un vago-) es inversamente proporcional a la superficie física que resulta ocupar.
Cuando uno pare determinadas páginas de guión cinematográfico, se da cuenta de que donde hay que echarle horas es a esa cosa de la estructura. Que no es si no el continente del posible discurso que tenga el filme.
Cuando uno pare determinadas páginas de guión cinematográfico, se da cuenta de que donde hay que echarle horas es a esa cosa de la estructura. Que no es si no el continente del posible discurso que tenga el filme.La estructura es "el ente", la movida esa de los plots-points, el clímax y mil y un tecnicismos que usted habrá escuchado y/o leído día sí y día también; bien en algo que alguien cuenta sobre Syd Field, bien en algo que uno oye a un analista de Stephen King por la tele. Es el chásis de los autores sobre el que sostiene el devenir de los personajes, el camino que conduce la atención del espectador, un pingüe beneficio para talleres de escritura, la verdad máxima... Y, a día de hoy, llovido todo lo que tenía que llover, literalmente miles de años después, igual que los cánones de Polícleto para la belleza, la cosa sigue estando así para el rollo de la narrativa cinematográfica escrita.
Hay artistas rompedores que lo intentan, eh. Caballeros y señoritas que se esfuerzan con ahínco en derribar cualquier concepto de estructura posible, y que se cagan en Syd Field, en Mc Kee y en Grecia entera. Esto suele traer dos resultados posibles: o la cosa resulta un coñazo proporcional a su propia duración; o bien la obra termina abrazando una suerte de estructura chapucera que surge del azar sin que el autor se de ni cuenta.
Los antiguos ya le metían a esto de la plantilla para estructuras al escribir. Y aludir a las civilizaciones europeas clásicas es siempre argumento de fundamento. Pero es que además del condicionante tiempo, también respalda la idea el condicionante espacio. Y es que, a grandes rasgos, con ligeras variaciones y distintas nomenclaturas, la idea de estructura narrativa en cualquier tipo de diégesis (junto con la demonización del incesto que, se sabe, lleva a la monstruosidad) es aceptada "aquí y en Cuenca", como se dice popularmente, tanto en Oriente como en Occidente, como donde no saben leer.
El año pasado (o hace dos igual), a muchos de ustedes, como a mí, les maravilló la idea de que David Cronenberg visitara "Redes". Con la entrevista ya bastante comenzada, enharinados ya en un diálogo propio de Reed Richards y El Pensador Loco de cañas, Punset le preguntó por el futuro de las películas. Sugería que todas las pelis, en un futuro bastante próximo, tenderían a deshacerse del "relato", evolucionando a un espectáculo/arte de sensaciones visuales e impactos ópticos (algo así); pero Cronenberg (y eso que él es más bien un experimental) rechazó la idea de plano. El cineasta alegó que el cine necesita esa idea de estructura para consumirse mejor, que todo el mundo tiene el concepto de estructura demasiado arraigado; que no sólo son las películas, los libros, etc... es el propio concepto de desarrollo de la vida que tenemos. Todos sabemos que hemos tenido una niñez (un período vital bastante corto), que luego pasar a ser madurez (el tramo más largo de nuestras vidas), y luego una vejez (más corta aún que la niñez), que acaba en muerte (el "clímax"; todo lo que ocurra después de la muerte es una "coda"). Por tanto, la impronta viene de fábrica, es como filosofía natural básica.
Todo el mundo lo sabe y nadie pues debería perder más tiempo en discutir esto. El cine acogió la idea de consumo por narración en
seguida, y no del consumo por contemplación (como puede ser un cuadro o un cromo) y gracias a ella sobrevive hasta nuestros días y no ha desaparecido como un "entretenimiento de barraca de feria" (uno de los Lumiérè dixit). Más tarde, acogería también otro montón de elementos de diferentes artes que ya estaban por ahí: escenografía, actores y actrices, vestuario, atrezzo... (del teatro salieron muchos). Y hasta hoy, el cine que se perpetúa, que cuesta y que genera dinero, que se comercializa y se sustenta es el cine con argumento y actores donde se recrean historias que suceden en la "vida real" (en la vida real que al autor le salga de los cojones, eso sí), que tienen un principio, un nudo y un final (aunque esté descolocado, que se lleva mucho ahora) e incluso que "van de algo".
seguida, y no del consumo por contemplación (como puede ser un cuadro o un cromo) y gracias a ella sobrevive hasta nuestros días y no ha desaparecido como un "entretenimiento de barraca de feria" (uno de los Lumiérè dixit). Más tarde, acogería también otro montón de elementos de diferentes artes que ya estaban por ahí: escenografía, actores y actrices, vestuario, atrezzo... (del teatro salieron muchos). Y hasta hoy, el cine que se perpetúa, que cuesta y que genera dinero, que se comercializa y se sustenta es el cine con argumento y actores donde se recrean historias que suceden en la "vida real" (en la vida real que al autor le salga de los cojones, eso sí), que tienen un principio, un nudo y un final (aunque esté descolocado, que se lleva mucho ahora) e incluso que "van de algo".Y que sabemos que es así, qué cojones. Que nos gusta a todos saber siempre menos que el guionista y que nos zarandeen de aquí y allá, que contar la peli sigue siendo un placer y que lo bien hecho bien parece. Que gracias a esa cosa llamada estructura "Perdidos" es la polla y el "Secret Invasion" de Marvel también (resulta muy sorprendente lo que ha hecho B. Michael Bendis, que ahora resulta que lo que escribió desde que entró a currar en la editorial tiene sus ecos y desarrollo con lo que se está desarrollando actualmente, más de cinco años después). Son historias gestadas en su totalidad antes de ser acometidas, con un entramado tejido por hilo fino (y me vuelvo a poner Bollero). Que luego queda muy coño, y la gente se lleva la mano a la boca y exclama "¡Hala!".
Pues bien, señores, con todo esto, ya pueden concluir ustedes que soy un pro-estructura de tomo y lomo, un amante de lo riguroso y lo mecánico. ¿Por qué entonces nunca me lo curro? Y no sólo no me lo curro, si no que soy consciente en todo momento que lo que estoy haciendo carece de estructura (bueno, la tendrá porque le sale sola, pero sin más) premeditada y cuando veo el trabajo termino advierto las taras que vienen de ahí. Precisamente por lo referido en los primeros párrafos: el trabajo de establecer una trama, hacer deambular a los personajes por la misma, sin que nada se salga, que todo progrese, que todo sean refuerzos de la premisa del filme (del contenido)... ahí está lo jodido, donde te puedes reventar los sesos poniendo y quitando. El resto es sólo currar. Lo previo a la estructura, las ideas, no se puede plantear como un curro en sí mismo, ahí hay que abrir las 24 horas, simplemente absorver del transcurrir porque es bastante vacuo (y frustrante) sentarse frente al folio "a ver qué se te ocurre"; y lo posterior a la estructura, que no es si una descripción más detallada de todo y los diálogos, es "simplemente ponerse", es sólo cuestión de echarle horas y además no suelen ser muchas. Este último proceso podrá hacerse con mayor o menor tino, dependiendo (creo yo) de los talentos del ejerciente, pero el intermedio, el proceso donde se gesta el armazón, el tono y el ritmo, es que tiene requerimientos especiales. El tiempo de trabajo con la estructura puede variar dependiendo de muchos factores y también puede uno quedarse enmarañando en un universo superpuesto de esos, y caer en una espiral de "interiores/noche" de la que puede no salir con la salud mental inmaculada.
Ahora ya, como acabo de exponer este concepto (o expresar una opinión, según se malpiense) y además me he autojusficado de manera blindada, para que, a partir de ahora, a cualquier carencia que tengan mis mierdas le pueda achacar que no tengo tiempo para currarme una estructura. Y lo más chungo es que es verdad, "El Tiempo de Plácido Meana", esa peli de nunca acabar (por cierto, le hemos ido metiendo mano y sólo nos quedan 30 págs. de guión), ha sido reescrita tropecientas mil veces, sólo una antes de comenzar su rodaje, e incontables a lo largo del mismo (claro que es un rodaje que está durando dos años) y la trama ha dado más vueltas que El Fugitivo, incluso han aparecido personajes que nunca estuvieron y que ahora son capitales. A ver a qué grupo pertenece la cosa cuando se acabe, si al de las pelis con estructura tenue porque la cosa ha brotado de casualidad, o al de los tostones inrrumiables. Pero que vamos, que piensen lo que quieran.
Por cierto, y aunque no tenga nada que ver con el tema que tratamos, que el Efraín ya ha levantado la recientemente desaparecida (por impago) web de "Guris Guiris". Ahora estamos en http://www.gurisguiris.es/; que igual el .es es menos conocido, pero es más español (y el .com lo había comprado ya una empresa de esas americanas). El noveno capítulo ya bulle, en brevas, les traeré noticias frescas.

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