Hace un par de posts, justificaba lo malas que eran siempre las historias de mis mierdas y lo ausentes de trama, argumento y contenido que están. Hace uno, les contaba que me iba a Murcia a embarcarme en una mierda nueva que prometía ser trepidantemente cinematográfica. Tras ambos posts, llega éste que es mezcla un poco de los dos. ¿Qué resultó del REC: Murcia? Mierda Máxima. Sazonada con momentos de risas, pero entre mierda.
Que nadie me malinterprete, no tuve ningún problema con la Consejería, ni con el evento en sí, ni con ningún murciano. Llegué allí sin idea. Con una somera-somera, que fue hinchándose de pretensiones según avanzaba la semana. Mientras no pude arrancar el rodaje todo fue maravilloso, estaba con mis compañeros del notodismo, todos juntos jugando a hacer películas y todo guay. La putada fue el aborto resultante.
No me voy a quejar de los avatares físico-anatómicos del rodaje, porque de eso hay siempre en todos los rodajes. A las quemaduras solares y las protuberancias ácidas de los mosquitos, que todo el mundo lucía, sólo le tuve que sumar un hostiazo en la espalda contra el canto de la ventana del hotel (todavía tengo la cicatriz fresca). El rollo es que todos (algunos más que otros, Carlos Vermut se vió obligado a repetir el corto entero el día antes de la entrega, y Oriol Puig-Playà debería escribir otro post entero con todo lo que le ocurrió) nos cagamos vivos, luchando contra la informática y las reglas de Einsenstein, para poder escupir un mal DVD con la criatura.
Yo, no lo acabé. Directamente.
La cosa se quedó en un parcheo cutre de todo lo que traje. Era de esperar que la foto fuese un desastre (es de día y de noche por plano-contraplano) y que todo se oyera de ojete (that's right!), pero además no lo acabé.
Eso sí, no dudé un segundo en joderles noches también a los demás. A Efra (Efraín Parrilla, ya clásico) le tuve haciendo unos extraños fx que le envié a Madrid por la interné y Jim-Box me estuvo capturando, convirtiendo y volcando mis mierdas (como si no tuviera bastante con la edición de las suyas). El caso es que, designios del software, no se pudo exportar el proyecto, con lo cual no hubo copia en ningún formato.
Eso sí, no dudé un segundo en joderles noches también a los demás. A Efra (Efraín Parrilla, ya clásico) le tuve haciendo unos extraños fx que le envié a Madrid por la interné y Jim-Box me estuvo capturando, convirtiendo y volcando mis mierdas (como si no tuviera bastante con la edición de las suyas). El caso es que, designios del software, no se pudo exportar el proyecto, con lo cual no hubo copia en ningún formato.Fue el propio Jim-Box el que me sugirió salvar la proyección de los estrenos de los cortos mediante una exhibición autoral. El pretendía que emitiera el corto directamente de la pantalla del portátil, encuadrando el visor del Premiere con la cámara y charlando con el público en directo, explicando al personal mis razones para tal desaguisado. A mí me pareció que tal performance sólo era apta para alguien con vis cómica (es normal que Jim lo propusiera, él habría salvado la situación perfectamente) así que, hábil de mí, sólo llevé a cabo parte de las sugerencias del gijonés: grabé el corto directamente del ordenador y a tomar por el culo. Estaba tan enceguecido que sólo quería proyectar lo que fuera, aunque fuese para malcumplir con Murcia.
En el momento de la proyección, después de una presentación en la que autojustifiqué como pude, borracho como una cuba y con el temor éste que se tiene a que no te entiendan porque no vocalizas, estaba absolutamente cagado de miedo. Después de hacer el ridículo bien hecho, le dí un Play a la cámara para reproducir mi screener doméstico... y me piré, abandonando a Mariam Hernández (a la sazón protagonista de la cinta), a quien dejé todo el marrón ante la gente del festival (supongo que no lo pasó nada bien) y a mi novia (que supongo que tampoco).
En el hotel tuve un ataque de histeria. Lloré, grité, imprequé, mi hinché a porros a ver si así atenuaba algo la mala hostia, golpeé la pared, juré contra Dios y el santoral entero condenando seguro mi alma al infierno para siempre (los rodajes no son un lugar apto para Dios, si pasa por uno puede acaba embadurnado de mierda). A las mil de la mañana, después de haber sido el compañero más descortés y no haber acudido al copeo con mis colegas de cineo, abotargado por el costo y exhausto, me dormí. A la mañana siguiente, uno de los actores (no se dan nombres, ya sabéis como este mundillo), encolerizado por no haber tenido su juguete a tiempo, por haberse quedado un día sin playa y, supongo, por alguna razón más que desconozco, me envía un sms que servía de perfecto colofón para el finde. En el mensaje era un compendio de odio hacia mi persona: en él, el comediante en cuestión me prohibía que usara ninguno de sus planos ni locuciones en el montaje, so pena de demanda, y me advirtió que, jamás de los jamases, iba a tolerar que su nombre se viera relacionado con el mío. ¿A qué se referirá este caballero con eso de "mi arte"? Aquel domingo a las nueve de la mañana, con el móvil en la mano, no supe si sentirme culpable, ofendido o si directamente mi cuerpo se había colado por un roto a lo dibujo animado hacia un universo de esos que se solapan con el nuestro y donde suceden cosas rarísimas.
Imaginen el marrón. Ahora la pesadilla no ha acabado: tengo que terminar la cosa y no puedo usar la mitad de los planos que grabé. Tengo que acabar el puto corto, retocar las pijadas que conllevan las ediciones y retirar/repetir los planos del artista a quien me refería antes. Además, todo este arrebato de divismo a desencadenado una política de desconfianza entre los que organizan el percal, y ahora piden que obtengamos el permiso del resto de actores "porsiaca". Tengo que desembarazarme de este cortometraje cuanto antes y no tengo tiempo. La razón: más mierdas. "Guris Guiris", la puta peli, una follada anal que me va a hacer Hacienda (porque hacienda somos todos, pero unos "dan" y otros "se ponen"), algún/os proyecto/s de videoclip por ahí (en todos los casos, por supuesto -y eso es lo de menos-, sin beneficio material). El caso es que todo son papeles, mails, llamadas y llamadas de teléfono, lamidas de esfínter, fingimientos de carácter, ingestas de dignidad y repentinas palmadas de pasta. Menos mal que en "La Tira" todo está sosegado, tranquilo y rutinario. Ir a "La Tira" es como ir al instituto: un lugar al que tengo que ir de lunes a viernes a cumplir mi labor y pasarlo bien con los amigos.
Lo peor es la constatación del proceso de frustración al que me someto con cada nueva mierda que pergeño. No soy muy de obtener recompensas (de esas morales que dicen los artistas) de mis "vidios", pero alguna que otra a veces cae. Aunque sólo sea debido a la reiteración en el proceso de montaje, lo cierto es que suelo odiar cada mierda que filmo al poco de estar terminada. Esto no es malo, es bastante normal y le ocurre a mucha gente que se dedica al "cineo" y así a vivir del cuento en general. Es decir, me resulta más que normal que, sobre todo a estas alturas de la vida, "Tía no te saltes el eje" (por ejemplo) me resulte un soberano coñazo, y que cambiaría quinientas cosas del cortometraje. Pero la impresión obtenida con trabajos más recientes (digamos de, los últimos dos años) es otra: no estoy nunca muy convencido con el guión (ya les narré hace dos posts), conforme ruedo compruebo cómo no es bueno, nunca estoy satisfecho con ningún plano pero no quiero perder el tiempo mejorándolo o buscando otro mejor y, al final, cuando la cosa se acaba, ni me gusta verlo, ni que lo vean, ni siquiera reconocer que es mío... y sinceramente, dejo en la superficie todas aquellas cosas que hacen que el cine sea malo y que reconozco como tales debido a un criterio que juzgo como suficiente para determinar si una peli es objetivamente buena o mala, al margen de que me guste. Tengo en mi haber un enorme volumen de marrones por rematar y soy plenamente consciente de lo nefastos que van a ser si algún día ven la luz.
Según se vaya desarrollando todo, les pondré enlaces a chorrón para que puedan partirse la polla de mí agusto. Ahora me voy a casa, a poner la tele para insultar a las señoritas y los caballeros que aparezcan en pantalla. Me relaja muchísimo poder faltar el respeto a quien no te puede responder.

2 comentarios:
Oyes, que me quedé sin poder decirte que UN PLACER haberte conocido. Espero que le metas un mosaico en todo el careto a "ese" actor. Abrazote.
Kike, como codamnificado de la hecatombe murciana, pienso que estás siendo demasiado duro contigo mismo. El próximo día que te vea, con unas copas entre pecho y espalda, te voy a soltar un discurso lleno de solemnidad sobre las maldades del autofustigamiento en el que todos caemos. Es más, VOY A HACER QUE TE SALTEN LAS LÁGRIMAS con mi perorata.
Mientras tanto, voy a seguir intentando dar vida a un Frankenstein con el aborto murciano.
A tope con todo lo que te queda por cerrar. Te sobra talento para eso y mucho más. Un abrazo!
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